Me
encantaría poder describir con palabras todo lo que he vivido y sentido durante
los últimos 12 días, pero me temo que no me resultará nada fácil. Ya conocía lo
divertidos que son l@s chin@s y el gran corazón que tienen por naturaleza, pero dicho tiempo ha hecho que me enamore aún más de este país y de su gente. Sin
duda, este viaje pasará a la cabeza de la lista de los inolvidables.
Comencé
la andadura el 7 de febrero, dos días antes del comienzo de la semana que dura
el Año Nuevo, es decir, el día en que la masa de cientos de millones de chinos
comienza a movilizarse para volver a sus casas y pasar las fiestas en
familia. Año tras año, es el movimiento
migratorio más masivo del mundo, y me daba bastante respeto
meterme en medio, pero sin embargo ha contribuido a que esta experiencia haya
sido aún más imborrable.
El
primer tren que cogí, con dirección a 东莞 (Dongguan) iba repleto hasta la bandera, con
muchos tickets vendidos 无座 (sin asiento), por lo que había gente por los
suelos, sentados en banquetes, o sobre sus propias maletas… Mi asiento estaba
alrededor de un mesa en la que se sentaba una familia al completo, quienes,
como todos los chinos con los que me he cruzado hasta ahora, me trataron como uno más de la familia desde el momento en que vieron mi cara tan occidental, o
como dicen ellos, mis ojos tan grandes. Me ofrecieron para comer de todo lo que
traían, el pequeño con gran ilusión por enseñarme a jugar a su videojuego, y la abuela enseñándome a cantar una canción
china que según ella era muy conocida (^.^)… E incluso me invitaron a
pasar unos dias en su casa durante las fiestas si quería, realmente adorables.
En mi llegada a Dongguan, me esperaban las chicas que me
hospedarían durante tres días en su residencia de enfermeras (cierto, ¡estuve
muy bien rodeado!). En cuanto llegamos, me llevaron por las habitaciones de sus
compañeras para presentarme y al rato ya estábamos un grupo de 15 personas “armándola”
al más puro estilo chino, es decir, en el karaoke. Además, durante estos días, me
llevaron a la cena de año nuevo y a conocer a sus familias, de patinaje, a ver
un teatro chino, etc… Sin duda, de mis experiencias de Couchsurfing más divertidas!
Tanto, que me pidieron que volviera, y no lo dudé; Al terminar la ruta que tenía
planeada volví a pasar otros dos días con ellas.








El siguiente destino era 萍乡 (Pingxiang), donde
volví a encontrarme con mi buena amiga Li Hanwei, quien ya estuvo dos veces en
mi casa de Marbella, y con quien volvía a coincidir, pero esta vez 10.000 km
más lejos. Realmente tanto a ella como a mí nos parecía increíble. En cuanto me
recogió en la estación, tal como es tradición en Año Nuevo, nos fuimos a
visitar a sus familiares. Todos estaban al tanto de mi llegada y para ellos
recibir en su casa a un extranjero amigo de Hanwei era algo muy especial, por
lo que el recibimiento en todas las casas a las que fui fue espectacular. Me
iba de esas casas con las manos llenas de regalos y comida, pero a la vez con
tristeza por despedirme de esa gente que acababa de conocer pero a quien había
cogido un cariño enorme rápidamente, y es que como digo... así son los chinos.
Al siguiente día nos pusimos las botas, cogimos la cámara de
fotos, y nos fuimos de senderismo a 武功山 (Wugong Mountain)
una zona muy conocida por sus magníficas vistas, aunque el día nos pilló
algo nubloso.
La despedida no fue fácil, pero aún quedaba bastante camino por recorrer. El
siguiente destino, 广州 (Guangzhou).
En Guangzhou me esperaba otra chica que conocí también a
través de Couchsurfing, Xua Chen, quien estaba en la estación junto con su
tía y prima pequeña esperando mi llegada. Fuimos directamente a su casa y después de enseñarme las
habitaciones de ésta y mostrarme la habitación en la que dormiría yo, nos pusimos todos
manos a la obra a cocinar, que en breve llegaban familiares de Pekín y vendrían
con hambre. Entre los suculentos platos se encontraban... gusanos de seda, patas
de sapo... aunque no cundía el pánico, también había gambas, dumplings, carne
de ternera... por cierto, los gusanos de seda ¡no estaban nada mal ! Tanto La
llegada de la familia ese día, como el siguiente, fueron muy divertidos. Fue
muy gratificante el intercambiar risas, ideas, idiomas... con todos ellos.
La despedida de esta familia no la olvidaré nunca: en la
entrada de la casa, la madre, rodeada de los tíos y primas me dice… 感谢这所房子带来这么多的幸福和快乐, lo que significa: “Gracias por
haber traído tanta alegría y felicidad a
esta casa durante estos días” . Realmente a uno se le “encoge la patata” al escuchar
esto, y se siente que sólo una frase como ésta le da todo el sentido al camino
que ando recorriendo.
Y hasta
aquí llegó la andadura. De vuelta en Shenzhen, ando preparando todo para una nueva partida. En breve cojo un avión con dirección a Madrid, pero seguro que muy
pronto volveré por China, lugar que ya considero mi segunda casa. ¡Toca disfrutar con la familia! ¡Nos vemos
pronto en Spain!